La Historia de las Profesiones de la Salud

Por: Eduardo Ramos Garbiras

Magister Salud Pública

Como todas las profesiones, las de la salud también tienen su historia; y la historia de cada una de las profesiones de la salud es muy particular, por lo que se hace complicado tratar de manejarlas todas en conjunto. Pero sí es importante observar que en su mayoría están ligadas a un origen común en donde comparten hechos históricos que se deben tener en cuenta. Imaginemos a nuestros antepasados. La magia es la primera respuesta del hombre a la enfermedad que le acosa. Enfrentado con una desgracia para la que no tiene explicación natural, busca una causa sobrenatural. Por doquier la ciencia médica creció bajo la creencia de que el mundo pululaba de espíritus que atacaban a los seres vivientes con las enfermedades, al tiempo que incendiaban bosques con los rayos, detenían las lluvias o enviaban los diluvios. A fin de hacer más reales estos espíritus, el hombre primitivo construyó ídolos para representarlos y adorarlos con ofrendas rituales. Con la creencia en una vida del más allá, surgió un miedo nuevo, miedo a los infelices espíritus de los muertos, quienes en el caso de ser desatendidos, retornarían para atormentar a los vivientes. También surgió entonces el peligro de los enemigos humanos, que operaban con hechizos y brujerías y había que combatirlos con sus mismas armas.


Los complicados ritos y conjuros requerían expertos, y el hechizo se convirtió en una figura poderosa de la sociedad primitiva. Se vestía grotescamente para impresionar, no solo a los espíritus, sino también a sus pacientes. Su traje era parte de su técnica curativa. Había que practicar no solo la magia blanca, sino también la negra. La primera era la "buena medicina", incluso cuando los brujos usaban conjuros, -que sonaban terriblemente, para expulsar al espíritu del mal fuera del paciente. La segunda era la "mala medicina", u obra del diablo.


Pero el arte del brujo no era todo magia. Sabía cómo extraer el veneno de las heridas y cómo aplicar cataplasma. Podía atribuir a las hierbas propiedades místicas y administrarlas con rebuscadas ceremonias, pero aprendió cuales y cuándo debía prescribirlas y transmitió sus conocimientos a los que le seguían.


Con la llegada de las primeras civilizaciones en Egipto y Mesopotamia, los rituales se hicieron más complicados y se originó el sacerdocio. Los primeros templos eran colegios donde los sacerdotes coleccionaban y registraban hechos. Observaron como los cambios de posición de ciertas constelaciones coincidían generalmente con determinados acontecimientos, como la maduración de las cosechas, el desbordamiento de los ríos o la irrupción de determinadas enfermedades. Gradualmente llegaron a creer que las estrellas ejercían una influencia en el hombre y que las diferentes partes del cuerpo, así como las diferentes plantas, estaban bajo el influjo de los doce signos del Zodiaco. Un resto de estas creencias se halla todavía en la palabra "Lunatismo" enfermedad mental que se suponía debida a la Luna.


Es interesante que los primeros doctores Chinos, que insertaban agujas en los "canales del cuerpo" para "renovar los espíritus", utilizasen 365 puntos de punción diferentes, número igual a los días del año. Incluso ahora, a pesar de la gran cantidad de medicamentos en el mercado y del gran número de instrumentos electrónicos disponibles y de las ayudas diagnosticas con la nueva tecnología de "punta", el médico moderno debe mucho todavía a las tradiciones populares, a las "curanderas", a los alquimistas y hechiceros.


La quinina extraída de la corteza de un árbol, era originalmente la medicina ritual de los incas del Perú y todavía se usa para combatir el paludismo; la penicilina proviene de un moho, lo que justifica la antigua costumbre de aplicar moho a las úlceras que supuraban.


El médico actual tiene incluso una deuda con el "exhibicionismo" del brujo que impresionaba con su tratamiento al paciente. El médico moderno puede saber las causas de la enfermedad y cómo actúan las drogas dentro del cuerpo; puede diagnosticar con precisión y prescribir con certeza, pero su profesión todavía exige algo más. Ya esté enfermo de la mente o del cuerpo, el paciente de hoy necesita sentir confianza tanto como el hombre primitivo.


Tuvieron que pasar muchos años antes que nuestros antepasados pudieran liberarse de las supersticiones y comprendiesen las causas naturales de las enfermedades. En ese intervalo, sin embargo, fueron construyendo gradualmente una imagen de las más complicadas de todas las criaturas, de ellos mismos. Como cualquier estudiante actual de anatomía, empezaron con el esqueleto. Los huesos son los únicos registros permanentes de la medicina prehistórica. Por los huesos descubiertos de los hombres primitivos podemos establecer que algunos de ellos padecieron enfermedades como el raquitismo y la artritis.


Estos primeros antepasados debieron de ver a menudo esqueletos, reconociendo las diferencias entre los humanos y los de los animales que cazaban. Al parecer, se interesaron especialmente por el cráneo, quizá porque, a diferencia del resto del armazón, podía servir de recipiente; en realidad pudieron usarlo como copa o estuche. Se han desenterrado grandes cantidades de cráneos prehistóricos en diferentes partes del mundo, muchos de ellos con agujeros hechos deliberadamente con instrumentos agudos de sílex. En muchos casos, un nuevo hueso creció al rededor del agujero, lo que prueba la primera de todas las operaciones quirúrgicas: la trepanación que se realizaba en pacientes que sobrevivían. En algunos cráneos se ha encontrado más de un agujero, y ello sugiere que se realizó una serie de intentos para liberar a los espíritus encerrados en la caja craneana, quizás con el fin de mitigar un ataque de locura, un acceso epiléptico, o simplemente, un fuerte dolor local de cabeza. A partir de huesos de muertos, el hombre primitivo descubrió su propia armazón: la caja craneana, la caja torácica, las vértebras, los soportes de las extremidades. Descubrió que ciertos salientes articulares encajaban en cavidades apropiadas, y quizá se dio cuenta de que una articulación dislocada se puede volver a colocar en su sitio. Con dolorosa experiencia aprendió que un hueso roto podía sanar si se inmovilizaba por algún tiempo. El arreglo de los huesos fue una de las primeras formas de la cirugía.