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Los Albores de la Odontología

13 sept
22 min de lectura

Por: Eduardo Ramos Garbiras

Magister Salud Pública

Tallas de Marfil 1780, sur de Francia, 4 pulgadas de altura Representa lo que hasta la época significaba el dolor dental
Tallas de Marfil 1780, sur de Francia, 4 pulgadas de altura.

La necesidad de aliviar el dolor

Es importante que conozcamos la historia de la odontología porque, de esta manera, aprenderemos también a querer nuestra profesión y a valorar lo que hacemos.


La historia de nuestra profesión, además de mostrarnos la aparición de tecnologías cada vez más complejas, nos permite comprenderla como una actividad dinámica, en permanente transformación y profundamente ligada al desarrollo del conocimiento humano. Cuando descubrimos el esfuerzo dedicado por tantos pueblos al cuidado de las personas con alteraciones de su sistema masticatorio, podemos ejercer nuestra profesión con una conciencia más profunda de nuestras responsabilidades.


Todos los pueblos, a través de su historia, han tenido que enfrentarse a los problemas relacionados con los dientes y la boca. El ser humano, desde tiempos muy antiguos, ha observado el dolor, la pérdida de dientes, las lesiones y las enfermedades de la cavidad oral y ha intentado encontrarles una explicación y, sobre todo, una solución.


La odontología, como profesión organizada, es relativamente reciente. Pero la necesidad que le dio origen es tan antigua como la propia humanidad. Antes de que existieran los dentistas, ya existían el dolor de muelas, la pérdida de dientes, el desgaste, las infecciones y los traumatismos. Por eso, los albores de la odontología no deben buscarse en un único pueblo ni en una única fecha. Son el resultado de miles de años de observación, experiencia, creencias, ensayo y error.


MESOPOTAMIA

Entre los ríos Tigris y Éufrates se desarrollaron algunas de las primeras grandes civilizaciones urbanas de la humanidad. La región, que hoy corresponde principalmente a Irak y a territorios vecinos, fue escenario del desarrollo de la escritura cuneiforme, de importantes sistemas políticos y administrativos y de una de las más antiguas tradiciones médicas documentadas por escrito. [1]


Mesopotamia suele describirse como una de las grandes cunas de la civilización. No fue, naturalmente, el único lugar donde surgieron sociedades complejas, pero su importancia para la historia de la humanidad es extraordinaria. Los documentos cuneiformes permiten conocer algunas de las ideas que los pueblos mesopotámicos tenían sobre la enfermedad y también sus intentos de tratarla. En ellos encontramos referencias a enfermedades de los dientes y de las encías, recetas medicinales, recomendaciones de higiene y fórmulas rituales. [1]


Una de las creencias más conocidas es la del llamado “gusano dental”. Según esta antigua concepción, un gusano habitaba dentro del diente y provocaba dolor y destrucción. Hoy sabemos que la caries no es producida por ningún gusano. Sin embargo, la importancia histórica de esta creencia es enorme: constituye uno de los primeros ejemplos conocidos de un intento humano de explicar la causa de una enfermedad dental. [1]


Los textos mesopotámicos muestran además algo muy interesante: el tratamiento podía combinar sustancias medicinales con encantamientos y prácticas rituales. Para nosotros, medicina y magia pertenecen a campos completamente diferentes. Para los antiguos mesopotámicos podían formar parte de un mismo sistema de atención al enfermo. Los tratamientos descritos incluían preparados vegetales y minerales y, en algunos casos, procedimientos destinados a aliviar el dolor. [1] También existen evidencias de higiene dental. Se han encontrado palillos dentales que se remontan a épocas muy antiguas. [1]


Por tanto, en Mesopotamia encontramos ya algunos de los elementos que acompañarán toda la historia posterior de la odontología: la observación de la enfermedad, la búsqueda de una causa, la utilización de medicamentos, la higiene oral y la necesidad de aliviar el dolor.


EL CÓDIGO DE HAMMURABI

La Estela de Hammurabi de 7 pies de altura.
La Estela de Hammurabi de 7 pies de altura.

Uno de los documentos más famosos de la antigua Mesopotamia es el Código de Hammurabi, elaborado durante el reinado del rey babilonio Hammurabi, aproximadamente en el siglo XVIII a. C. La estela que conserva el texto se encuentra actualmente en el Museo del Louvre de París.


Durante muchos años, algunos textos de historia de la odontología han presentado determinadas disposiciones del Código como si constituyeran una legislación específica sobre odontología. Es necesario hacer aquí una corrección importante. Las famosas leyes: “Si un hombre destruye el ojo de otro hombre, se destruirá su ojo” y “Si un hombre destruye el diente de un hombre de su mismo rango, se destruirá su propio diente” corresponden al principio del talión y forman parte de las disposiciones relativas a las lesiones físicas. [3] No son normas destinadas específicamente a regular la práctica odontológica.


En el código de Hammurabi se anuncian claramente las recompensas y castigos reservados a los practicantes de la medicina.: "Si un médico abría un absceso dental con el cuchillo de operaciones y conservaba el ojo del paciente, solía percibir diez ciclos de plata... " pero: "Si un médico abría un absceso con el cuchillo de operaciones y destrozaba el ojo, se le cortaban las manos. . ..". La Ley 196 dice "Si alguien lesiona el ojo de un igual, se le mutilará su propio ojo". Ley 200: "Si alguien arranca el diente de un igual, se le arrancará su propio diente". Ley 201: "Si alguien arranca un diente a un inferior, se le multará con un tercio de mina de plata".


El Código sí contiene, sin embargo, disposiciones relativas a los médicos y a sus responsabilidades. Las leyes 215 a 223 establecen honorarios y consecuencias por determinados procedimientos quirúrgicos. [3] Por ello, el Código de Hammurabi constituye una evidencia extraordinariamente importante de que, en la sociedad babilónica, determinadas actividades médicas estaban reconocidas socialmente y sometidas a normas legales. Pero debemos evitar atribuirle una regulación de la profesión odontológica que el documento no contiene.


LOS ASIRIOS

En Mesopotamia encontramos también a los asirios, cuya civilización alcanzó un enorme desarrollo político, militar y cultural. Como en otras sociedades del antiguo Oriente Próximo, la medicina asiria estaba estrechamente vinculada con la religión. La enfermedad podía interpretarse como consecuencia de fuerzas sobrenaturales y su tratamiento podía incluir tanto medicamentos como conjuros. [1]


En relación con las enfermedades dentales aparece nuevamente la antigua creencia del gusano dental. Los textos cuneiformes contienen tratamientos para el dolor de dientes y para enfermedades de las encías. Algunos combinaban preparados medicinales con fórmulas rituales. [1] Es interesante observar que los antiguos médicos mesopotámicos no solamente se preocuparon por el dolor. También reconocieron problemas relacionados con las encías y desarrollaron preparados destinados a su tratamiento.


La evidencia disponible no permite afirmar que en Mesopotamia existiera una odontología quirúrgica comparable con la moderna. Lo que sí podemos afirmar es que existía una atención específica de los problemas de dientes y encías, basada en medicamentos, higiene y prácticas médico-rituales. [1]


LOS FENICIOS

Los fenicios fueron un conjunto de pueblos semitas establecidos principalmente en la costa oriental del Mediterráneo, en el territorio correspondiente sobre todo al actual Líbano y zonas vecinas. Fueron grandes navegantes y comerciantes y establecieron colonias y centros comerciales por buena parte del Mediterráneo. Entre ellos estuvo Cartago, fundada por colonos procedentes de Fenicia en el norte de África, en el territorio de la actual Túnez. [1]


Los fenicios fundaron Cartago en el norte de África. La ciudad se convirtió en una de las grandes potencias comerciales del Mediterráneo hasta enfrentarse con Roma. Después de la Tercera Guerra Púnica, Roma destruyó Cartago en 146 a. C. Durante mucho tiempo se ha repetido una historia según la cual los romanos, después de destruir la ciudad, cubrieron su territorio con sal para impedir que volviera a crecer. La historia es atractiva, pero no existe evidencia antigua fiable que permita presentarla como un hecho. La famosa “sal de Cartago” pertenece a una tradición historiográfica posterior. Por eso debemos conservar la historia de la destrucción de Cartago, pero eliminar de nuestro relato la afirmación de que los romanos sembraron sal sobre sus ruinas.


Su importancia para la historia de la odontología está relacionada especialmente con los extraordinarios hallazgos de prótesis y dispositivos de fijación dental encontrados en la región de Fenicia y en otros territorios mediterráneos. [1,4]


Su religión era politeísta, sus principales deidades eran Baal y Astarté. No poseían una importante literatura propia, pero diseminaron el alfabeto semítico por toda la costa oriental del Mediterráneo. En la época del Imperio Romano, Pompeyo incorporó Fenicia a la provincia de Siria (64 a.C.) y desde esa época en adelante los fenicios, como nación, desaparecieron.


En 1862, durante excavaciones realizadas en una necrópolis cercana a Sidón, Charles Gaillardot descubrió una pieza dental extraordinaria. Se trataba de una estructura realizada con dientes naturales y dientes artificiales tallados en marfil, unidos mediante un fino alambre de oro. La pieza ha sido tradicionalmente interpretada como una prótesis dental de aproximadamente el siglo V o IV a. C. [1,4] El hallazgo es extraordinario porque demuestra el nivel de habilidad alcanzado por los artesanos que trabajaban con dientes, marfil y metales preciosos. También debe señalarse que las interpretaciones de estos hallazgos han sido objeto de discusión histórica. En algunos casos es difícil determinar con absoluta seguridad si una modificación fue realizada durante la vida de la persona o después de su muerte como parte de las prácticas funerarias. [1,4] Por eso, la investigación contemporánea recomienda prudencia. Lo que sí podemos afirmar es que en el Mediterráneo antiguo existieron sistemas sofisticados de fijación, estabilización y sustitución de dientes, especialmente entre personas pertenecientes a grupos socialmente privilegiados. [1,4]


Protesis Fenicia del siglo V a.C. Mandíbula fenicia descubierta por Torrey en 1901
Protesis Fenicia del siglo V a.C. Mandíbula fenicia descubierta por Torrey en 1901

En 1901 se descubrió en las proximidades de Sidón otra pieza extraordinaria: una mandíbula cuyos dientes anteriores presentaban un sistema de unión mediante alambre de oro.

Tradicionalmente se ha considerado uno de los ejemplos más antiguos de ferulización dental. [1] Estos hallazgos son particularmente importantes porque muestran que los conocimientos relacionados con la restauración y estabilización de los dientes tienen raíces mucho más antiguas de lo que durante mucho tiempo se creyó. No obstante, nuevamente debemos distinguir entre lo que el objeto demuestra y lo que nosotros interpretamos a partir de él. Una férula o una unión mediante alambre demuestra que alguien sabía estabilizar dientes. No demuestra, por sí sola, quién realizó el procedimiento, cuál era exactamente su propósito o si se trataba de una intervención terapéutica, estética o funeraria.


LOS HEBREOS

ELas referencias a los dientes en la tradición hebrea son particularmente interesantes porque muestran que los dientes no tenían solamente un significado médico. También tenían un enorme valor estético, social y simbólico. En la literatura bíblica, los dientes aparecen repetidamente como símbolos de belleza, fuerza, agresión y poder. [1,5]


El Cantar de los Cantares utiliza los dientes como elemento de belleza al compararlos con un rebaño de ovejas recién esquiladas y lavadas. En otros textos bíblicos, los dientes aparecen asociados con la fuerza y la violencia. Los dientes de los enemigos son quebrantados; los dientes de los poderosos representan su capacidad de destruir y los dientes sanos forman parte de la imagen de un cuerpo fuerte y bello. Esto nos permite entender algo que sigue teniendo plena vigencia: los dientes siempre han sido mucho más que órganos destinados a la masticación. Han representado belleza, juventud, fuerza, salud, poder e identidad.


Los dientes en la literatura hebrea

En las Lamentaciones, Jeremías utiliza la imagen de los dientes rotos para expresar sufrimiento y humillación. En los Salmos aparecen repetidamente referencias a los dientes de los enemigos como representación de su fuerza. En los Proverbios, los dientes y las muelas aparecen como imágenes de quienes devoran y oprimen a los pobres. La repetición de estas imágenes no es casual. La boca y los dientes ocupaban un lugar fundamental en el imaginario cultural de aquellos pueblos y se habían convertido en símbolos de fuerza y agresión.


El Talmud y los dientes

Las fuentes talmúdicas contienen referencias más directamente relacionadas con la salud oral. En ellas encontramos observaciones sobre dientes naturales y artificiales, dolor dental, enfermedades de la boca, higiene y diferentes remedios. [5] También aparecen referencias a dientes fabricados con materiales como oro, plata y madera. [5] Una de las características más interesantes de estas fuentes es el gran valor otorgado a la conservación de la dentición natural. Las extracciones dentales parecen haber sido temidas y no siempre eran consideradas una primera opción terapéutica. Los textos también reflejan una preocupación importante por la estética dental. Por ello, sería más correcto afirmar que las comunidades judías antiguas y tardoantiguas poseían conocimientos y prácticas relacionadas con la salud bucal que afirmar que ya existía entre los hebreos una “profesión odontológica” organizada en el sentido moderno.


EGIPTO

Egipto ocupa un lugar extraordinario en la historia de la medicina y de la odontología. El clima seco, combinado con las prácticas funerarias egipcias, permitió conservar una enorme cantidad de restos humanos y momias. Gracias a ellos podemos estudiar directamente las enfermedades que afectaron a la población durante miles de años. [2,6] Los dientes muestran caries, desgaste, abrasión, enfermedad periodontal, abscesos, pérdida de piezas y otras alteraciones. [2,6] Los antiguos egipcios desarrollaron además numerosos preparados medicinales destinados a diferentes enfermedades, incluidos algunos padecimientos de la boca. [2,6]


La alimentación y el desgaste dental

La alimentación tuvo un papel importante en la salud dental de los egipcios. El pan constituía una parte fundamental de la dieta. El proceso de molienda de los cereales podía introducir partículas minerales en la harina. Estas partículas, junto con otros elementos abrasivos, contribuían al intenso desgaste que puede observarse en numerosas denticiones egipcias. [2,6] No debemos atribuirlo exclusivamente a la arena del desierto. La abrasión podía tener múltiples causas relacionadas con la preparación de los alimentos, los métodos de molienda y la composición de la dieta. La paleopatología moderna permite estudiar estas lesiones con mucho mayor rigor que los primeros investigadores.


En esta Piedra de Pizarra el faraón ofrece comida a la Diosa Isis. Observese la bandeja con rebanadas de pan basto, alimento fundamental en la dieta egipcia. Esta dieta era la causa de muchas afecciones de los egipcios tanto en los ricos como a los pobres. Ya que el grano de arena que utilizaban, se mezclaba con la harina de trigo que producían, y esta arena era incorporada en la dieta, lo que producía grandes atriciones dentales.


La Higiene Dental en Egipto. Los egipcios conocían diferentes preparados destinados a la higiene y al tratamiento de la boca. Los papiros médicos conservan recetas para enfermedades dentales y problemas de las encías. [2,6] Estos documentos demuestran que las afecciones de la boca eran reconocidas y que existían tratamientos específicos. Sin embargo, debemos evitar presentar estos preparados como si fueran equivalentes a una pasta dental moderna. Su composición, finalidad y eficacia eran muy diferentes de las actuales. Lo importante desde el punto de vista histórico es que muestran una preocupación explícita por la salud de la boca y por el tratamiento de sus enfermedades.


No podemos hablar de la medicina egipcia sin mencionar a Imhotep. Imhotep vivió durante el reinado de Djoser, en la III Dinastía, aproximadamente en el siglo XXVII a. C.

Fue un alto funcionario y una figura excepcional de la corte egipcia y se le atribuye la dirección de la construcción de la pirámide escalonada de Saqqara. Durante siglos posteriores su figura adquirió una dimensión casi legendaria. Fue finalmente divinizado y asociado con la medicina y el conocimiento. Sin embargo, debemos hacer una distinción fundamental. El Imhotep histórico no puede ser identificado sin más como “el padre de la medicina”. No poseemos evidencia contemporánea suficiente que demuestre que ejerciera como médico en el sentido profesional que damos actualmente a esa palabra. Su posterior asociación con la medicina pertenece a una tradición religiosa desarrollada siglos después. También debemos corregir otro detalle que se ha repetido durante mucho tiempo: la pirámide escalonada de Saqqara tiene seis niveles escalonados, no siete.


Hesi-Re. Uno de los personajes más fascinantes de la historia de la odontología antigua es Hesi-Re. Vivió durante la III Dinastía, en tiempos de Djoser, aproximadamente hacia el siglo XXVII a. C. Su tumba, localizada en Saqqara, contiene relieves e inscripciones que lo relacionan con la medicina y con los dientes. Tradicionalmente se le ha considerado el primer dentista conocido por su nombre. [2] Esta afirmación debe hacerse con una pequeña precisión. Hesi-Re es uno de los primeros personajes que conocemos por su nombre cuya función está explícitamente relacionada con los dientes, pero no podemos saber con certeza qué procedimientos realizaba ni equiparar su actividad con la práctica odontológica contemporánea. Su importancia histórica radica precisamente en que demuestra que, hace más de cuatro mil años, existía ya una cierta especialización relacionada con los dientes dentro de la sociedad egipcia. [2]


¿Existìa una Odontologìa Quirùrgica en el Antiguo Egipto? Durante mucho tiempo los libros de historia de la odontología afirmaron que los egipcios realizaban numerosas operaciones dentales. Se describieron cráneos con perforaciones en la mandíbula que fueron interpretadas como procedimientos destinados a drenar abscesos. También se atribuyeron a los egipcios determinados sistemas de ferulización y prótesis. Hoy debemos ser mucho más prudentes. La extraordinaria conservación de los restos egipcios permite encontrar numerosos dientes enfermos, pero la evidencia osteológica de procedimientos odontológicos realizados durante la vida es sorprendentemente escasa. Algunos casos siguen siendo compatibles con intervenciones terapéuticas. Otros pueden tener explicaciones naturales o post mortem. Por ello, la investigación contemporánea considera que debemos distinguir cuidadosamente entre: una lesión producida por la enfermedad, una modificación realizada durante la vida y una modificación producida después de la muerte. [2] Esto no significa que los egipcios carecieran de conocimientos odontológicos. Significa que debemos reconocer que sabemos mucho más sobre sus enfermedades y sus medicamentos que sobre la existencia de procedimientos quirúrgicos dentales sistemáticos. [2] Tomaron de los asirios muchos conocimientos. Describen patología de la luxación mandibular y su tratamiento.


Mandibula encontrada con dientes ferulizados 500 años a.C. Se han encontrado puentes unidos con hilos de oro. Durante muchos años se dijo que esto era parte de los rituales religiosos que practicaban, como una forma de adornar los cadáveres. Hoy se ha visto a través de estudios, que estos procedimientos también se pudieron realizar como parte de los tratamientos que hacían. Hoy los historiadores no se ponen de acuerdo, pues hay que recordar que los egipcios hacían todo lo posible por enterrar sus cadáveres en el estado más completo posible, pues creían firmemente que el cuerpo debe permanecer intacto para poder albergar al alma en el más allá. De todas maneras, el hallazgo confirma que los antiguos egipcios poseían un trépano capaz de perforar un fino agujero en el cuerpo de un diente.


Parece que entre sus tratamientos, estos primeros dentistas taladrasen agujeros a través de la cortical de la mandíbula para aliviar la presión producida por exudados purulentos asociados a abscesos dentales. Se han encontrado algunos cráneos con trepanaciones de este tipo; uno de los primeros, perteneciente al período del Reino Antiguo, se encuentra en la colección del Peabody Museum de la Universidad de Harvard.


Un hallazgo similar, hecho en una necrópolis cerca de Saqqara, pertenece al período del Reino Nuevo (1570-1085). Se trata de un cráneo humano que presen- ta el primer molar inferior severamente careado. Al nivel aproximado de los ápices de las raíces de este molar, se observan dos agujeros perfectamente cilíndricos, de exactamente cinco milímetros de profundidad y dos milímetros de diámetro cada uno, que conducen a los ápices de la raíz. No parecen fistulas que podrían haberse formado naturalmente, pues son idénticos. Este cráneo está depositado actualmente en el Musée de 1'Homme, en París. Aparentemente los egipcios eran muy hábiles en el manejo del trépano, como puede verse también en muchas de sus pinturas fúnebres.


LOS CHINOS

La medicina china representa otra de las grandes tradiciones médicas de la antigüedad. Su concepción de la salud se fundamentó en el equilibrio entre fuerzas complementarias, especialmente mediante los conceptos de yin y yang. [1] El yin se relacionaba tradicionalmente con lo femenino, la tierra, la oscuridad, el frío y la humedad, mientras que el yang se asociaba con lo masculino, el cielo, la luz, el calor y la actividad. La enfermedad podía aparecer cuando ese equilibrio se alteraba. En relación con la boca, los antiguos médicos chinos utilizaron diferentes preparados de origen vegetal y mineral. Se emplearon sustancias como ajo, ginseng, ruibarbo, raíces de granada y otras plantas. [1]

Algunas sustancias potencialmente tóxicas también aparecen en las antiguas recetas. La atención dental china antigua parece haber dependido en gran medida de la prevención, la higiene, los enjuagues, las aplicaciones externas y los tratamientos farmacológicos. [1]


EL DESARROLLO DE LA ODONTOLOGÍA EN OCCIDENTE

Con Grecia comienza una nueva etapa en la historia de la medicina. No significa que desaparecieran las creencias religiosas ni que de repente surgiera la medicina científica moderna. Significa que comenzó a consolidarse una nueva manera de interpretar la enfermedad: mediante la observación de la naturaleza y la búsqueda de causas naturales.


ALEJANDRO Y ALEJANDRÍA

Alejandro Magno conquistó un enorme territorio que conectó culturalmente el mundo griego con Egipto y Oriente. En Egipto fundó la ciudad de Alejandría. Sin embargo, es importante hacer una precisión histórica: Alejandro no reunió personalmente en Alejandría todos los conocimientos científicos de Oriente. El gran desarrollo científico de la ciudad ocurrió después de su muerte, especialmente durante el período de los Ptolomeos. Alejandría se convirtió entonces en uno de los grandes centros intelectuales del mundo antiguo. Allí trabajaron importantes anatomistas, entre ellos Herófilo y Erasístrato, y se desarrolló una tradición de investigación anatómica que tuvo enorme influencia sobre la medicina posterior. [2] Para la odontología esto fue fundamental. El conocimiento de la anatomía del cuerpo humano y de las estructuras de la cabeza permitió comprender progresivamente la boca y sus relaciones con el resto del organismo.


HIPÓCRATES

Hipócrates y la tradición médica asociada a su nombre representan uno de los grandes cambios de la medicina antigua. El Corpus Hippocraticum, conjunto de textos médicos escritos por diferentes autores a lo largo de varios siglos, contiene numerosas observaciones relacionadas con dientes, encías, erupción dentaria, traumatismos y enfermedades de la boca. [2] La tradición hipocrática intentó explicar la enfermedad mediante procesos naturales. También desarrolló la teoría de los cuatro humores:

  • sangre;

  • flema;

  • bilis amarilla;

  • bilis negra.

El equilibrio entre estos humores era considerado fundamental para la salud. Desde nuestro conocimiento científico actual sabemos que esta teoría es incorrecta. Pero su importancia histórica es enorme. Por primera vez se intentaba construir una explicación sistemática de la enfermedad basada en la observación de la naturaleza y no exclusivamente en la acción de fuerzas sobrenaturales. En la historia de la odontología esto representa un paso fundamental.


LA ODONTOLOGÍA EN LA ANTIGÜEDAD

Los tratamientos disponibles en la antigüedad eran naturalmente muy limitados. El objetivo principal era aliviar el dolor, combatir la infección cuando era posible y, cuando el diente ya no podía conservarse, realizar la extracción. Pero sería injusto pensar que toda la odontología antigua se reducía a “sacar dientes”. Las fuentes antiguas muestran que también existieron medidas preventivas, higiene oral, preparados farmacológicos, estabilización de dientes, prótesis y diferentes intentos de conservar la dentición. [1,2] La evidencia actual nos permite ver que el desarrollo de la odontología antigua fue mucho más complejo de lo que se pensó durante mucho tiempo.


LOS ROMANOS

Los romanos heredaron una parte importante de la medicina griega y desarrollaron además sus propias prácticas de higiene y cuidado personal. La higiene dental tenía un lugar importante, especialmente entre las clases acomodadas. Los palillos dentales eran utilizados con frecuencia y podían fabricarse en diferentes materiales. Los textos romanos también describen preparados para limpiar los dientes, aliviar el dolor y tratar enfermedades de la boca. [2] Entre los autores más importantes encontramos a Aulo Cornelio Celso, cuya obra De Medicina contiene descripciones de diferentes procedimientos quirúrgicos y dentales. También encontramos información odontológica en las obras de Plinio y, especialmente, de Galeno. [2]


El primer médico extranjero de Roma que conocemos fue un griego que practicó la medicina sobre el año 219 a.C. Sin embargo, el primero entre los griegos en alcanzar fama y fortuna como médico en Roma fue Asclepíades, un nativo de Bitinia en Asia Menor, que llegó a Roma en el año 91 a.C. A pesar de no tener formación médica profesional, alcanzó un notable éxito en su campo y fundó lo que puede considerarse la primera escuela médica de la antigua Roma, que preparó el terreno y sirvió de antecedente para la fundación de la primera escuela médica que puede recibir el nombre de tal: la Schola Medicorum, fundada en el año 14 a.C.


Claudio Galeno, nacido en Pérgamo aproximadamente en el año 129 d. C., estudió en diferentes centros intelectuales del mundo mediterráneo, incluida Alejandría. Posteriormente se estableció en Roma y alcanzó una enorme reputación como médico. Su obra tuvo una influencia extraordinaria durante más de mil años. Galeno describió numerosos aspectos de la anatomía y de las enfermedades de la boca. Sus escritos incluyen observaciones sobre dientes, mandíbula, músculos, nervios, inflamación y diferentes tratamientos. [2] También desarrolló y sistematizó la tradición médica basada en los cuatro humores. Su influencia fue tan grande que durante siglos muchos médicos europeos consideraron sus escritos como una autoridad fundamental. Galeno murió probablemente alrededor de los años 215–216 d. C., no en 201 como se ha repetido en algunas fuentes antiguas de historia de la odontología. [2]


La Higiene Dental entre los Romanos. Los romanos desarrollaron costumbres de higiene oral particularmente interesantes. Los palillos dentales eran utilizados con frecuencia y algunos eran verdaderas piezas de lujo. En determinados ambientes sociales podían emplearse objetos elaborados en metales preciosos. La literatura latina incluso muestra que limpiarse los dientes después de comer podía formar parte de las costumbres sociales. También se utilizaron palillos fabricados con madera de diferentes especies vegetales. Esto demuestra que la preocupación por la higiene oral no es un fenómeno moderno. Lo moderno es el conocimiento científico que hoy tenemos sobre por qué debemos mantenerla y cómo hacerlo de manera eficaz.


SANTA APOLONIA

La historia de la odontología tiene una figura que, más que ninguna otra, quedó vinculada al dolor dental: Santa Apolonia de Alejandría. Patronazgo Odontología. Santa Apolonia es una más del grupo de vírgenes mártires que sufrieron en Alejandría (Egipto) durante un levantamiento local contra los cristianos, antes de la persecución de Decio. Fue martirizada mediante la extracción violenta de todos sus dientes y por ésta causa es considerada la patrona de los Odontólogos y de las Enfermedades Dentales. De allí que sea invocado su nombre cuando hay un dolor de muelas.Los historiadores cristianos han proclamado que en los últimos años del Emperador Felipe el árabe (reinó entre 244-249), durante festividades para conmemorar el milenio de la fundación de Roma (tradicionalmente en 753, poniendo la fecha de la fundación cerca del 248 a.C.), la furia de la muchedumbre Alejandrina se convirtió en ira, y cuando uno de sus poetas profetizó una calamidad, ellos cometieron sangrientas atrocidades contra los cristianos, que las autoridades no hicieron ningún esfuerzo por detener.



Dionisio, el Obispo de Alejandría (247-265), relata los sufrimientos de sus feligreses en una carta dirigida a Fabio, el Obispo de Antioquia; algunos largos extractos de la carta se han preservado en Eusebius Historia Ecclesiae (yo: vi: 41). Después de describir cómo un hombre y mujer cristianos, Metras y Quinta, fueron agarrados y asesinados por la muchedumbre, y cómo las casas de varios otros cristianos fueron saqueadas, Dionisio continúa: "En ese tiempo Apolonia, parthénos presbytis (presbítera vírgen, lo cual seguramente no significa una virgen avanzada en años, como se deduce generalmente, sino una diaconesa) era considerada importante. Estos hombres la agarraron también y con repetidos golpes rompieron todos sus dientes. Entonces juntaron fuera de las puertas de la ciudad un montón de palos y amenazaron con quemarla viva si ella se negaba a repetir después de ellos palabras impías (como una blasfemia contra Cristo, o una invocación a dioses paganos). Fue entonces dada, por petición propia, una pequeña libertad, saltando rápidamente en el fuego, quemándose hasta la muerte."


De allí en adelante han surgido alrededor de Santa Apolonia, una serie de historias que nos muestran un martirio de la santa bastante conmovedor. Algunas historias dicen que después de solicitar que le desatasen las manos, sus verdugos pensaron que se disponía a acceder a sus peticiones, pero ella salto a la hoguera y desde allí manifestaba que quienes invocaran su nombre no sufrirían de dolores dentales. Muchas oraciones se han hecho a la santa, pidiendo su intercesión para eliminar el "dolor de muelas".


El 09 de febrero en la gran mayoría de países del mundo se celebra del Día del Odontólogo.


LOS CIRUJANOS-BARBEROS

Durante la Edad Media europea, la práctica de la cirugía comenzó a separarse progresivamente de la medicina ejercida en las universidades. Los monasterios tuvieron un papel importante en la conservación y transmisión del conocimiento médico. Los religiosos también participaron durante siglos en la atención de los enfermos. Sin embargo, a partir del siglo XII se produjo un proceso gradual mediante el cual determinadas actividades quirúrgicas fueron pasando a manos de practicantes laicos. Los barberos ya realizaban procedimientos como sangrías, pequeñas intervenciones, cuidado de heridas y, eventualmente, extracciones dentales. Con el tiempo surgió la figura del cirujano-barbero. No todos ellos eran ignorantes o charlatanes. Algunos adquirieron una notable habilidad práctica y participaron en la evolución de la cirugía europea. Su formación era fundamentalmente artesanal y se realizaba mediante el aprendizaje junto a un maestro. La extracción dental permaneció durante siglos dentro de este ámbito. La odontología todavía no se había constituido como una profesión autónoma.


Guy de Chauliac. Entre los grandes cirujanos de la Edad Media destaca Guy de Chauliac, nacido alrededor de 1300 y fallecido en 1368. Su obra más importante, la Chirurgia Magna, escrita en 1363, tuvo una enorme influencia sobre la cirugía europea. Chauliac dedicó atención a los dientes y describió diferentes enfermedades y problemas relacionados con ellos. También trató aspectos relacionados con la higiene dental y con la extracción. Su obra representa una etapa importante en la progresiva especialización de los conocimientos quirúrgicos relacionados con la boca.


ODONTOLOGÍA: SIGLO XVIII

Durante los siglos XVII y XVIII comenzaron a producirse cambios decisivos. La anatomía avanzó. Los instrumentos se hicieron más especializados. Los conocimientos comenzaron a difundirse mediante libros impresos. Y algunos profesionales comenzaron a dedicarse cada vez más específicamente al tratamiento de los dientes. Francia e Inglaterra se convirtieron en importantes centros de esta transformación. Pero fue en Francia donde apareció una figura que cambiaría definitivamente la historia de nuestra profesión.



Pierre Fauchard. En el siglo XVIII aparece Pierre Fauchard (1678–1761), tradicionalmente considerado el “Padre de la Odontología Moderna”. En 1728 publicó en Francia su obra fundamental: Le Chirurgien Dentiste, ou Traité des Dents —El cirujano dentista o tratado de los dientes—. La importancia de Fauchard no consiste solamente en haber descrito un torno rudimentario, determinados instrumentos o técnicas de tratamiento. Su verdadera importancia histórica está en haber reunido, organizado y publicado un amplio cuerpo de conocimientos relacionados con los dientes y la boca. En su obra encontramos descripciones de anatomía oral, enfermedades dentales, técnicas operatorias, extracciones, restauraciones, prótesis, ortodoncia, enfermedades periodontales e higiene. [8,9] Fauchard rompió además con una antigua tradición: en lugar de reservar el conocimiento para un pequeño círculo de practicantes, lo publicó y lo compartió. Su obra fue, por tanto, mucho más que un tratado técnico. Contribuyó a transformar una práctica artesanal y dispersa en un campo de conocimiento que aspiraba a ser reconocido como una profesión. Por eso su nombre marca el comienzo de una nueva etapa de la odontología moderna. [8]


EL COMIENZO DE UNA NUEVA ERA

Con Pierre Fauchard llegamos a un punto decisivo de nuestro recorrido. Pero sería un error pensar que la odontología nació en 1728. Fauchard no creó de la nada una profesión que no existía. Su obra fue posible gracias a miles de años de experiencias acumuladas. Desde los primeros seres humanos que intentaron aliviar un dolor dental, pasando por los pueblos de Mesopotamia que escribieron sobre enfermedades de los dientes, los especialistas egipcios, los médicos griegos, los romanos, los practicantes de la Edad Media y los cirujanos-barberos, cada generación aportó una pequeña parte del conocimiento que finalmente permitiría construir la odontología moderna. Fauchard tuvo la extraordinaria capacidad de reunir, ordenar, cuestionar y publicar una parte importante de ese conocimiento. Por eso su nombre marca el comienzo de una nueva etapa.


UNA HISTORIA QUE TODAVÍA CONTINÚA

Cuando miramos hacia atrás y observamos este largo recorrido, comprendemos que la odontología es mucho más que una profesión dedicada a tratar dientes. Es el resultado de una de las necesidades humanas más antiguas: aliviar el sufrimiento. Durante miles de años, hombres y mujeres observaron el dolor dental sin conocer sus causas. Intentaron explicarlo mediante dioses, espíritus, gusanos, humores y fuerzas naturales. Utilizaron plantas, minerales, sustancias animales, instrumentos, palillos, alambres, metales preciosos y, cuando no existía otra alternativa, la extracción. Se equivocaron muchas veces. Pero también observaron, experimentaron, conservaron conocimientos y los transmitieron a las siguientes generaciones. Así se construye la ciencia.


La odontología moderna no apareció de repente.Es el resultado de una larga historia de preguntas, descubrimientos, errores y aciertos. Cuando conocemos esa historia, comprendemos que detrás de cada instrumento que utilizamos hoy, de cada material, de cada procedimiento y de cada conocimiento científico existe el trabajo acumulado de innumerables generaciones. Y entonces comprendemos también algo más profundo: la odontología no comenzó cuando apareció el primer dentista. Comenzó cuando un ser humano vio sufrir a otro por un diente y decidió intentar ayudarlo. Desde aquel momento hasta nuestros días han transcurrido miles de años. Y la historia de nuestra profesión continúa escribiéndose cada vez que un odontólogo se sienta frente a un paciente y utiliza el conocimiento disponible para aliviar su dolor, recuperar su función, preservar su salud y devolverle la confianza en su sonrisa. Conocer esa historia no solamente nos permite saber de dónde venimos. Nos ayuda a comprender la responsabilidad que tenemos frente al futuro de nuestra profesión.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  1. Forshaw R. Dentistry and dental care in antiquity: part 1 – prehistory, Mesopotamia, Israel, Etruria and the Far East. Br Dent J. 2025;239(12):851-856. doi:10.1038/s41415-025-8884-z.

  2. Forshaw R. Dentistry and dental care in antiquity: part 2 – Egypt and the Graeco-Roman World. Br Dent J. 2026;240(1):45-50. doi:10.1038/s41415-025-8883-0.

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